Según el último Informe Anual de Desperdicio Alimentario presentado a comienzos de septiembre por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cada español/a desperdició de media 24,3 kilos o litros de alimentos durante el año 2025. Y, aunque el dato refleja un ligero descenso (del 0,3 %) con relación al ejercicio anterior, lo cierto es que aún estamos muy lejos de terminar con este fenómeno que se repite en todo el planeta ocasionando graves daños sociales, ambientales y económicos.
Por eso cada 29 de septiembre las Naciones Unidas recuerdan a través de su altavoz global que aún queda mucho trabajo para lograr poner fin al hambre en el mundo, como fija Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (ODS 2), a la vez que se conquistan modelos de producción y consumo más respetuosos con los recursos naturales del ODS 12.
El foco se centra en reducir los alimentos que se tiran a la basura en todas las etapas de la cadena de producción, envasado, distribución y consumo, tanto dentro como fuera del hogar. El informe de ministerio señala que en términos globales, se tiraron a la basura 1.129,91 millones de kilos, y que, aunque la evolución en los últimos años parece positiva (esa cifra es un 19,2 % menor que la de 2020), es evidente que todavía existe margen para mejorar, especialmente en las viviendas familiares, que concentran el 97,5 % del desperdicio medido.
Reducir, redistribuir, reutilizar y reciclar
Como parte de su compromiso social, el Consorcio de Residuos de Asturias viene desarrollando en los últimos años numerosas acciones para contribuir a concienciar sobre la importante de reducir el desperdicio alimentario. Una de ellas, la edición de una serie de diseños gráficos originales desarrollados por la empresa creativa Kajota sobre las conocidas 4R contra el desperdicio alimentario: reducir, redistribuir, reutilizar y reciclar, que fue publicada en formato de calendario.

Como recuerda Cogersa, Reducir implica comprar y consumir de manera planificada; redistribuir es facilitar que los alimentos que todavía pueden consumirse lleguen a otras personas a través de donaciones; y reutilizar, aprovechar las sobras y partes de los alimentos para elaborar nuevos platos. Solo cuando el producto ya no puede aprovecharse, llega el momento de descartarlo y dejarlo en la basura, pero siempre teniendo presente que el lugar correcto es bien el cubo marrón, el que hace posible el reciclaje de los biorresiduos; bien la compostadora.






Como destaca la ONU en sus informes, cuando un alimento se desecha, no solo se desaprovecha el propio alimento, también se pierden el agua, la tierra, la energía, el trabajo y otros recursos empleados para producirlo, envasarlo, transportarlo y ponerlo a disposición del consumidor en el lineal del supermercado. Además, la gestión de los alimentos desperdiciados -desde la recogida al tratamiento- genera importantes impactos ambientales y contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero. Naciones Unidas llama la atención sobre la relación que se da entre entre estos residuos, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas que garantizan la alimentación de millones de personas en el mundo.
En este contexto, Cogersa quiere aprovechar el 29 de septiembre para recordar que la implicación diaria sigue siendo un instrumento esencial al alcance de la ciudadanía para revertir las tendencias que producen daños al planeta y a las personas. Cada compra planificada, cada alimento aprovechado y cada residuo correctamente separado contribuyen a utilizar mejor los recursos y avanzar hacia un modelo de consumo más sostenible. Las ideas y consejos más útiles pueden encontrarse en la web que la entidad asturiana ha publicado con el lema “No me sobra“.










